lunes, 9 de agosto de 2010

Yosano Akiko


Viniste al fin, y por eso
dejé ir a las libélulas
que conservaba cautivas
entre mis cinco dedos
este atardecer de otoño

Viniste al fin


¿será porque siempre anhelas, corazón,
que siempre enciendo una lámpara
en el naranja del ocaso?
dulce y triste
como un amor sobrecogido
por largos suspiros
de lo profundo de un sauce
poco a poco
va saliendo la luna
la tierra parece
una magnífica
flor de loto
cuando el sol se alza
sobre el paisaje nevado.
Puedo entregarme a ella



En vestiduras de oro
ellos parecen pajarillos
danzando en el cielo
las hojas del árbol del ginkgo
flotando bajo el último sol.

De los innumerables escalones
que conducen a mi corazón
él subió tan sólo
quizás dos o tres.
De los innumerables escalones
Traducción A. Gim

4 comentarios:

Edit dijo...

Me regalaste muchas emociones con estas imágenes cargadas de versos realmente dulcísimos para mí.
Que tengas una semana mágica, llena de colores y palabras vivas, como lo que nos compartes aquí...

vicky dijo...

UAHU!! HERMOSISIMOO!! LAS FOTOS QUE BELLAS, ¿DE DÓNDE SON?, ¿SON TUYAS?.ME ENACTA EL NUEVO DISEÑO DEL BLOGG!!

Funes dijo...

Celeste...
esas imágenes... de dónde, de quién?
Qué daría Funes por estar allí....
Funes

Celestacha dijo...

Qué daría yo también !! Funes, aunque el breve instante en que vibramos con una palabra o una imagen en aquél espacio que llamamos emoción, es haber estado "efectivamente" "allí".
Mis saludos a Don Funes

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