miércoles, 25 de noviembre de 2009

El mundo en un grano de arena / El arte de los mandales tibetanos


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Mandala es un término de origen sánscrito que significa "círculo sagrado".
Los mandalas son diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos, utilizados en el budismo y el hinduismo, por lo que también podríamos decir que son cosmogramas, de los cuales existen muchos tipos.
En general, todos los mandalas tienen significados externos, internos y secretos. En el aspecto exterior representan el mundo en su forma divina, en el interior, un mapa mediante el cual la mente ordinaria puede transformarse en la experiencia de la iluminación, y en el aspecto secreto muestran el perfecto balance primordial de las energías sutiles del cuerpo y la dimensión de la clara luz de la mente. Se dice que la creación de un mandala de arena purifica en estos tres niveles.

Un mandala representa un palacio imaginario que se contempla durante la meditación.
Tradicionalmente, los Budistas Tibetanos usan mandalas de arena como ayudas de visualización para la meditación durante ciertas ceremonias religiosas. Los mandalas de arena, a su vez, pueden elaborarse a petición de la comunidad con la intención de pacificar desastres naturales, traer paz y armonía a un lugar determinado y sus habitantes, como una bendición durante un retiro de meditación, o para consagrar medicinas en el caso de un mandala relacionado con el Buda de la medicina.
Laboriosamente, millones de granos de arena son colocados ordenadamente en una plataforma plana durante un periodo de días o semanas, creando una pintura de belleza irresistible.
Una vez terminada, y para simbolizar la impermanencia de todo lo que existe, y fortalecer el “no codiciar el resultado de nuestros actos”,las arenas de colores son barridas y vertidas en un río o arroyo cercano, donde las aguas llevan a las energías curativas por todo el mundo.

En Tibetano, este arte es llamado dul-tson-kyil-khor, quel significa literalmente “mandala de polvos coloridos.”




Procedimientos para cr
ear Mandalas de Arena
Antiguamente los polvos para elaborar los mandalas de arena se preparaban con piedras semi-preciosas. Se utilizaba el lapislázuli para el color azul, los rubíes para el rojo, etc. En la actualidad se preparan con polvo de mármol teñido y –en ocasiones– con fina arena blanca de playa.
El proceso de pintura de arena mandala comienza con una ceremonia de apertura, durante el cual, los lamas consagran el lugar y convocan a las fuerzas de la diosa. Los monjes cantan y bailan en vestidos resplandecientes. Los lamas comienzan el trabajo dibujando un contorno del mandala sobre una plataforma de madera, lo que demora un día entero. Todo esto se aprende de memoria y está basado fielmente en las escrituras budistas; no hay espacio para el error o la improvisación. A continuación se empieza a colocar la arena desde el centro hacia las orillas, simbolizando el hecho de que al nacer sólo somos una gota de esperma y un óvulo, y vamos evolucionando hasta que el universo entero se percibe a través de los sentidos. Cuando el mandala está terminado y llega el momento de desmantelarlo, la arena se recoge de las orillas hacia el centro, representando cómo al morir regresamos de nuevo a la fuente primordial en el centro de nuestro corazón.Durante los días siguientes, se coloca la arena colorida, lo cual se realiza con embudos de metales tradicionales llamados chak-pur. Cada monje sujeta un chak-pur en una mano mientras frota una barra de metal sobre su superficie que chirria; la vibración causa que la arena fluya como el líquido. En otras palabras, para “dibujar” con la arena, se emplea un cono de cobre , el cual tiene ranuras en uno de sus lados y con una varita delgada de cobre se frota suavemente (como en un güiro) de tal forma que la arena sale finamente por el pequeño orificio al final del cono gracias a la vibración. Esto permite crear dibujos extraordinariamente pequeños y precisos.
Al observar detenidamente un mandala de arena, podemos ver que es como un palacio visto desde arriba en el cual hay torres, cada una con su entrada hacia una de las cuatro direcciones, a su vez representadas por colores: amarillo para el norte, verde para el sur, azul para el oeste y rojo para el este. En cada una de estas entradas se encuentra un guardián o protector. Es posible identificar también columnas y arcos, alrededor de las cuales se ubican vallas como las de vajras y fuego.
Tradicionalmente, la mayoría de los mandalas de arena son destruídos poco después de ser terminados. Es una hermosa metáfora que cumple con dos propósitos fundamentales: primero, demostrar la impermanencia de los fenómenos (tarde o temprano todo se termina y el apegarnos a lo efímero sólo nos trae sufrimiento); el segundo propósito tiene que ver con el ideal de querer beneficiar a los demás con nuestros actos y por esa razón se reparte la arena entre quienes presencian la ceremonia de clausura como una bendición, mientras que otra parte de la arena se deposita en un cuerpo de agua como un río, un lago o directamente en el mar, con la intención de purificar el ambiente y a sus habitantes, y llevar esa bendición a todos los rincones de la tierra.El colaborar o simplemente observar la creación y el desmantelamiento de un mandala de arena, tiene efectos purificadores muy profundos para los seres y el ambiente donde se construye. Las deidades y espíritus locales se complacen y se regocijan, por lo cual mandan sus plegarias para que prevalezca la paz y la prosperidad en esa tierra.
Los Budas y Bodhisattvas observan desde las tierras puras donde habitan, mandando un lluvia de bendiciones. En breve, son muchos los beneficios tanto temporales como espirituales que se producen al participar en la creación de un mandala de arena.

Fuente: http://spanish.china.org.cn/culture/txt/2007-11/02/content_9164294.htm

http://budistas-es.blogspot.com/2008/08/el-arte-de-los-mandalas-tibetanos.html

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