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| Arte de Alex Alemany |
Va a ser una sombra por la mañana.
Para los soñadores, para los que aman y lo entregan todo, para los sensibles, para los que aún creen, para los perdidos, para los que sufren, para los que tocaron fondo, para los que reinventan cada día, para los que dicen SI, para los inconformistas, para los bellos de adentro, los que tienen alma de diamante.
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| Fotografía de Anka Zhuravleva |
Al principio ni eran reyes ni eran tres. En origen, debieron ser sacerdotes persas con conocimientos de astronomía. Su imagen actual se ha ido fraguando a lo largo de la historiaCuando montamos el pesebre en nuestro belén quizás no somos conscientes pero unimos varias tradiciones del Antiguo y del Nuevo Testamento. El universalismo del mensaje de Jesús es parte esencial de todo el evangelio de Mateo.
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| Busto de Cleopatra Filopator Nea Thea, Cleopatra VII |
Fotografía de la colección Underwater de Howard Swatz
Nunca le había dicho a nadie la razón de su miedo a sumergirse. Cada vez que se ponía unas gafas de bucear, le entraba pánico al pensar que podría acordarse de ella, ponerse a llorar y morir ahí abajo, ahogado en sus propias lágrimas.
Prestado del blog Viaje a los sueños polares
Pintura de Bonnie Hofkin / Return to Athena
Cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, Icarus
Prisionero del rey Minos en la isla de Creta, Dédalo -el constructor del laberinto- se propone escapar junto con su hijo Icaro. Con el fin de huir por el aire, construye alas para volar, con plumas adheridas entre sí con cera. Advierte a Icaro que no debe acercarse al sol pues el calor derretirá la cera, deshaciendo así las alas. El joven, entusiasmado por la sensación singular de volar, de elevarse cada vez más, se acerca tan peligrosamente al sol que, tal como le había advertido su padre, las alas se desintegran e Icaro se precipita al mar.
Un cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, pintado alrededor de 1560 y que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Bruselas, refleja el momento preciso de esa caída. En el ángulo inferior del cuadro se observan las piernas de Icaro, aún en la superficie, mientras que el resto de su cuerpo ya ha desaparecido bajo el agua. Salvo ese detalle que alude a la tragedia, a ese suceso extraordinario, el conjunto de la escena refleja el acontecer normal de la vida. En primer plano, un labriego sigue concentrado en arar la tierra, un pescador continúa con sus tareas, un ornado barco navega con sus velas desplegadas y, al fondo, muy a lo lejos, se avista un caserío iluminado por un sol cegador, el mismo responsable de la tragedia. Su único signo son, pues, esas pequeñas piernas de Icaro en el instante preciso en que están desapareciendo para siempre.
El gran poeta angloestadounidense W. H. Auden (1907-1973), al contemplar ese cuadro escribió, alrededor de 1938, antes de emigrar a los EE.UU., uno de sus poemas más conocidos, que tituló, precisamente, Museé des Beaux Arts . Concluye así (en la traducción de Manuel Sáenz):
"El Icaro de Brueghel, por ejemplo: todo se aleja/ pausadamente del desastre; el labriego con su arado/ pudo oír el chapuzón, el grito desolado, / pero para él no era importante; el sol brillaba/ sobre unas piernas blancas que se hundían/ en agua verde, y desde el costoso barco delicado veían/ lo prodigioso: un chico del cielo defenestrado;/ pero el barco seguía su rumbo y con calma navegaba".
Como lo señalan los amargos versos de Auden, la bella pintura plantea el llamativo contraste entre un hecho casi sobrenatural -la caída desde el cielo de un niño volador- y la rutinaria normalidad con la que prosigue la vida en el mundo que es testigo de ese hecho extraordinario. Nadie de entre quienes asisten a la escena parece conmoverse por eso inaudito que está sucediendo a su alrededor.
¿Serán cuadro y poema una acertada descripción del mundo? ¿Estaremos actuando, hoy como entonces, con una indiferencia similar a la del campesino ante el naufragio de las expectativas y los proyectos -las vidas- de muchos de nuestros semejantes? ¿Al igual que los tripulantes de ese barco -quienes sin prestar atención alguna a la tragedia de Icaro prosiguen hacia su destino-, nosotros tampoco reaccionaremos ante los evidentes signos del drama humano que no nos sería difícil advertir a cada paso?
Sin duda, en este tiempo convivimos con muchos Icaros. Quienes tienen éxito concitan atención y son recompensados. Pero quienes quedan en el camino, quienes -como Icaro- se precipitan al mar envueltos sólo en un grito de horror, lo hacen ante nuestra indiferencia. Como los personajes del cuadro, refugiados en el individualismo más crudo, no pocas veces continuamos nuestras vidas, indiferentes a los dramas humanos que se desarrollan en torno a nosotros. Tal vez deberíamos, al menos, prestar alguna atención a aquellos que fracasan en la tarea de vivir, de un modo llamativo por su desafiante osadía como Icaro o en silencio, por falta de posibilidades, como lo hace la mayoría. Caen a nuestro lado, pero no los miramos; ni siquiera oímos su grito desolado, como los personajes de la obra maestra que Brueghel pintó hace casi cinco siglos.
Guillermo Jaim Etcheverry
Educador y ensayista, Doctor en medicina por la Universidad de Buenos Aires, Diploma de Honor UBA, fue Decano de la Facultad de Medicina de la UBA entre 1986 y 1990, fue Rector de la UBA entre 2002 y 2006.
Es autor del libro La tragedia educativa, editorial Fondo de Cultura Económica, publicado en 1999, que recibió el premio al mejor libro de educación del año por las X Jornadas Internacionales de Educación.
Artículo publicado en la Revista La Nación el día 8 de febrero de 2009
Se podría seguir el discurrir de una vida a través de los momentos en los que la radio fue protagonista, tanto para una familia como para toda una nación.
Era protagonista cuando, en las noches de verano, tomábamos el fresco escuchando los cuentos infantiles de aquel programa patrocinado por Avianca. Parece que estoy escuchando aquella voz grave y melosa: "Caracas, Bogotá, Quito, Lima...vuele con Avianca". Así aprendí los nombres de aquellas capitales antes de oírlas en el colegio. Fue protagonista cuando, con sigilo, con el transistor bajo la almohada, se lograba sintonizar la estación Pirenaica de Radio España Independiente y se escuchábamos sin censura lo que realmente estaba sucediendo en España. También fue protagonista de aquellas mañanas en las que lo primero que se hacía era oir el parte médico de la larga agonía del Dictador, hasta que en una de ellas se oyó, "S.E. el Generalísimo ha fallecido".
La radio era protagonista como compañera de garita en las guardias interminables en el cuartel de aquella isla del Mediterráneo. Y fue protagonista durante el golpe de estado del 23 de Febrero de 1981. La SER dejó los micrófonos abiertos y retransmitió gran parte de lo que estaba sucediendo allí. Un pequeño transistor, que pasó desapercibido para los golpistas y que fue de mano en mano en el Congreso infundió ánimo a los diputados porque les llegaban noticias de la falta de apoyo del golpe. Vinieron otras vivencias, otras historias, y la radio sigue siendo nuestra compañera fiel.
Un transistor entre los golpistas
Un pequeño libro aparecido en Francia en junio de 2007 viene a inaugurar una posible era copernicana en el mundo de la lingüística. Su tesis fundamental es que hemos estado equivocados durante siglos respecto al verdadero origen de las lenguas romances (el castellano, el catalán, el francés, el italiano, el portugués, el rumano, entre otras). El autor, a lo largo de doce capítulos deliciosos de leer, nos presenta lo que él considera pruebas irrefutables contra lo que él mismo denomina una auténtica aberración lingüística.
...si unas lenguas evolucionan a partir de otras, deberíamos poder encontrar las huellas de tal evolución. En otras palabras, las lenguas hijas deberían portar en sí mismas las huellas hereditarias de la madre. La constatación que Cortez hace en su libro, de manera exhaustiva, es que eso no ocurre en el caso del latín y las lenguas romances.
En primer lugar, tenemos el vocabulario. Es cierto que podemos encontrar miles de palabras que se asemejan en todas las lenguas romances y que provienen de alguna palabra latina (abyecto, belicoso, eterno, feroz, grácil, honesto, ignominioso, obsequioso, perpetuo, etc.). Sin embargo, la inmensa mayoría de tales palabras son de origen culto, es decir, introducidas por literatos, escritos y otros personajes de gran cultura, que conocían la lengua latina, por lo que tales vocablos no pertenecen al registro del habla cotidiana. Cortez hace una revisión detallada de los vocabularios latino y romance en varios dominios del habla diaria y encuentra un hecho fundamental y sorprendente: el vocabulario de base de las lenguas romances no proviene del latín. Por razones de espacio no puedo aportar abundantes ejemplos, pero tomo uno que parece significativo: la palabra “guerra”. ¿Es posible pensar que un pueblo conquistador como los romanos no haya legado a los pueblos sometidos el vocabulario de la actividad fundamental que llevaba a cabo? Vemos, así, que “guerra” se dice “guerre” en francés, y “guerra” en italiano y portugués, pero se dice “bellum” en latín . Invito a los lectores a hacer la misma comparación con otras palabras del mismo dominio: tratado, matanza, general, soldado, batalla, mariscal
… La comprobación de la similitud enorme entre las lenguas romances es tan impactante como la disimilitud total con la palabra latina equivalente. El mismo ejercicio puede hacerse con los vocabularios de la geografía, la ropa, partes del cuerpo, etc.
En segundo lugar, la gramática de la lengua latina no tiene la menor semejanza con las gramáticas de las lenguas romances. Como sabemos todos aquellos que hemos estudiado lenguas clásicas en el bachillerato o en la universidad, el latín, al igual que una gran parte de las lenguas indoeuropeas, es una lengua desinencial. Los sustantivos se declinan en casos dependiendo de la función gramatical que deben desempeñar en la oración. Ninguna lengua romance declina sus sustantivos, con la excepción del rumano que posee un sistema de casos muy reducido. Igualmente encontramos que todas las lenguas romances poseen artículos (determinados e indeterminados), mientras que el latín no poseía ninguno.
Al igual que el griego, el latín posee el género neutro, además de los géneros masculino y femenino. Ninguna lengua romance lo posee. Y hay más: el latín vulgar, que se llama a la madre de las lenguas romances, era hablado por gente supuestamente bárbara, inculta y sin educación. Pero las lenguas romances poseen una persona gramatical que el culto y aristocrático latín no poseía: usted. Terminemos la revisión rápida de la gramática latina con el indicio más impactante: la sintaxis. Rosa alba est (literalmente: 'la rosa blanca es') se convierte en “La rosa es blanca” y construcciones equivalentes en todas las lenguas romances, y Non tamen abstinuit venturos prodere casus per varias fortuna notas (literalmente “No sin embargo dejó futuros revelar los males por medio de variados azar signos”) en correcto español viene a ser: El azar, sin embargo, no dejó de revelar los males futuros por medio de signos diversos. En otras palabras: la sintaxis latina no tiene absolutamente nada que ver con la sintaxis de las lenguas romances.
Frente a un cúmulo de diferencias tan enorme, los lingüistas tradicionales han hablado de la existencia de un estadio intermedio de la lengua latina que dio origen a las lenguas romances. Este “bajo latín” o “latín vulgar” vendría a ser una deformación de la lengua latina clásica. El problema, según Cortez, estriba en que el tiempo para que tales transformaciones tuviese lugar es demasiado corto, de apenas unos siglos. En el Concilio de Tours (mediados del siglo IX) se habla todavía de una “lengua romana rústica”, que se supone fue la lengua que dio origen a las lenguas romances, pero hay huellas de éstas ya desde los siglos XII y XIII. Estamos hablando, entonces, de un tiempo de generación de apenas 4 siglos. Cortez saca a relucir, a modo de comparación, un fenómeno paralelo y totalmente opuesto: el caso de la lengua griega. El griego y el latín tuvieron igualdad de importancia en la Antigüedad. Las personas cultas aprendían a leer, escribir y hablar en ambas lenguas, que eran enseñadas en todas las escuelas romanas. Pero el hecho significativo es que la lengua griega, en 35 siglos, ha variado muy poco. ¿Cómo explicar eso?.
La verdadera madre
Nos encontramos, entonces, frente a un problema tremendo que los mejores latinistas no han logrado resolver: los intentos de reconstruir el idioma original a partir de las lenguas romances no produce nunca la lengua latina.
Para Yves Cortez, el problema se encuentra en otro lado y no lo hemos aceptado: el latín no es la verdadera lengua madre de las lenguas romances, y llamar a este ascendiente lingüístico romance con el apelativo de “latín vulgar” es un error catastrófico, porque hace pensar que es un latín deformado. La conclusión suya es que era una lengua completamente diferente. No de otra manera puede explicarse que el vocabulario de base, la gramática y la sintaxis sean totalmente distintas.
La pregunta que surge inevitablemente ahora es: ¿de dónde provienen entonces las lenguas romances? Para Yves Cortez, la verdadera madre ha estado siempre a nuestro lado, pero la ignorábamos, incapaces de reconocer su papel fundamental. El peso de la tradición y el prestigio de la lengua latina (que fue seleccionada, curiosamente, por la Iglesia católica como lingua franca y luego por los hombres cultos de los siglos posteriores como la lengua de transmisión de los conocimientos) la mantuvo relegada e ignorada, y es en este punto donde radica la originalidad de la tesis del autor. La verdadera lengua matriz, que dio nacimiento a las lenguas romances, fue… el italiano, pero el italiano no proviene del latín como comúnmente se cree, si no que es, y esto forma parte también de su tesis, una lengua más antigua, desprendida en tiempos remotos del tronco itálico.
Esto significa que los romanos que conquistaron Europa hablaban ya una cierta forma de italiano (Cortez la llama “el italiano antiguo”, yo prefiero llamarla “el paleo-italiano” aunque es probable que fuera llamada por los romanos simplemente “el romano”), que fue la lengua que se transformó gradualmente en las lenguas romances que conocemos hoy.
...Como es de imaginar, esta novedosa tesis de Yves Cortez ha producido las más ásperas reacciones en el mundo lingüístico. En su contra juegan diversos factores, de los cuales el más importante es la carencia (por los momentos) de textos escritos en este “italiano antiguo”.
Esta hipótesis plantea problemas tremendos. Habría, por ejemplo, que redefinir una buena parte de las etimologías de nuestros diccionarios, pero si bien esta teoría genera más preguntas que las que responde, es, sin duda, un camino digno de explorar.
Extraído del sitio el castellano.org
Artículo El verdadero orígen de las lenguas romances
Johnny Torres
Bibliografia: Le français ne vient pas du latin, Yves Cortez,
Ediciones L'Harmattan, junio 2007, en proceso de traducción al español.
Quino: “El mundo se comporta como un enfermo de cáncer de pulmón que sigue fumando”
Quino creció en el seno de una familia de emigrantes andaluces, en una provincia de Argentina donde “todos eran inmigrantes. Antes de ir al colegio no hablaba en argentino, sino en andaluz, con mi familia; los comerciantes del barrio eran todos italianos, españoles, sirio-libaneses. Nunca me consideré un argentino típico que le gusta comer carne asada y llora con el tango, y tampoco comparto el sentido de patria, salvo el de Bertrand Rusell: el patriotismo es la estupidez de creer que un país es mejor porque uno nació en él”, dice, y se cuestiona: “¿Por qué se defiende una bandera y no lo que pasa con los niños de un país? No sé, los años no alcanzan para entender estas cosas”.
“Hoy no podría hacer Mafalda”
La pregunta era obligada: ¿Por qué dejó de publicar Mafalda? Y él sentencia: “Porque nació en una época que era irrepetible. Yo cuando empecé a hacerla tenía 32 años y conocía todavía bastante bien lo que eran los niños, porque tenía una cantidad de sobrinos pequeños.
Pero hoy no podría hacerla, la época no es la misma, en aquel momento se daban el movimiento feminista, el papa Juan XXIII, los Beatles, el Che Guevara... todo eso era un fermento y por eso Mafalda salió como salió. Porque yo no me propuse hacer a Mafalda así, simplemente veía los diarios y comentaba con esta chica lo que a ella le podía llamar la atención, el mandato de ser buenos, no pelear, y luego leyendo los diarios veía que los adultos hacían todo lo contrario de lo que decían que había que hacer. Después de 10 años de repetir eso todos los días me pareció que me estaba repitiendo un poco, que ya era bueno lo que había hecho y era inútil seguir insistiendo sobre el tema”, dice. Mafalda duró 10 años en una carrera de 55 y significó, como todo el resto de la producción de Quino, una vuelta de tuerca en torno a la denuncia social.
“En la política, antes se sabía quién era quién”
En relación con la situación en América Latina, Quino se declara sorprendido de que se tome a ciertos gobiernos como regímenes de izquierda. “Yo me crié con un régimen como el peronismo, que ya tenía mucho de este populismo mezclado con la cosa militar. Y es un fenómeno que me atrae, pero también me preocupa mucho. Sigo creyendo en el socialismo humanista, aquel antiguo. Y muchas de las actitudes de Chávez me preocupan, no creo del todo en lo que dice. Me parece que Lula está en una tesitura que tiene más que ver con lo que yo pienso que debería hacerse, así como la Bachelet. Por otro lado, después nos llevamos sorpresas como que Merkel, que me parece muy respetable, aparezca apoyando a Rajoy. No sé, está muy rara la política hoy, antes era más clara, se sabía quién era quién, había una izquierda y una derecha claramente diferenciadas, pero hoy la izquierda se ha ido tanto a la derecha para tratar de no perder votos después de la caída del comunismo, que está todo el mundo muy despistado, y yo también, por supuesto”.
Quino tampoco puede comprender qué es lo que pasa en Argentina, a donde no ha vuelto desde que asumió Cristina Kirchner. “Tampoco entiendo el conflicto éste que (la presidenta) tiene con la gente del campo. No entiendo por qué la gente pobre de pronto está defendiendo a la gente rica del campo, o sea, me parece un despropósito. Lo que veo en Argentina es que se preocupan mucho, como en aquella tira de Mafalda en la que ella va por la calle y ve que están agujereando una acera. Ella les dice a los obreros: ‘¿Están buscando las raíces de lo nacional?’, Y ellos le contestan, ‘No, nena, un escape de gas’. A lo que ella dice: ‘Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante’.
"En Argentina pasa eso, ha pasado siempre: ¿Ahora hay que plantar soja porque da ingresos? Y bueno, todo el mundo a plantar soja aunque se arruine el terreno y dentro de unos años todo sea un desierto (...) El mundo se comporta como un enfermo de cáncer de pulmón que sigue fumando”, remata el agudo humorista.
Artículo de Mariana Cantero para Tribuna Latina en el Salón del Comic Barcelona, abril 2008
"Toma de mi todo lo que necesites para ser feliz.Déjame solo lo necesario para disfrutar de tu felicidad"Ignacio Reiva