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viernes, 13 de abril de 2012

Los conocimientos / cuento Zen

Fotografía de Esther S - Alemania
Según una vieja leyenda, un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.

Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.

Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.

Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.

Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con tranquilidad “Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?

jueves, 12 de abril de 2012

Una enseñanza para tomar perspectiva

Ilustracion de B. Neeleman - Países Bajos
Un Anciano vivía con su Hijo en un fuerte abandonado sobre la cumbre de una colina, y un día perdió un caballo. Los vecinos llegaron a expresar su pesar por este infortunio, y el Anciano preguntó:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?
Pocos días más tarde volvió su caballo con una cantidad de caballos salvajes, y esta vez vinieron sus vecinos a felicitarle por esta muestra de fortuna, y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es buena suerte?
Con tantos caballos a su alcance, el Hijo empezó a cabalgar en ellos, y un día se fracturó una pierna. Otra vez llegaron los vecinos a expresar sus condolencias y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?

Al año siguiente hubo una guerra, y porque el Hijo del Anciano estaba lisiado no tuvo que ir al frente.
Anónimo

domingo, 8 de abril de 2012

Fábula china

1800-1820 circa Chobunsai Eishi
Estampa japonesa de Yan Guifei, esposa del emperador chino Xuanzong dei Tang (685-762). Detalle. Retrato de Yan Guifei sola, en el colmo de su esplendor. Aquí toca la flauta inmersa en un ambiente fuertemente idealizado y rodeada de una naturaleza sugestiva y sensual. En el fondo un paisaje de montes y niebla.
Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto,decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:

¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura

Y la hija respondió: No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella
dentro de seis meses será escogida por mí, esposa futura, emperatriz de China.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie
entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:

Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad.
Todas las semillas que entregué eran estériles.

jueves, 22 de marzo de 2012

Ubuntu

Un antropólogo estudiaba los hábitos y costumbres de una tribu en África, y porque siempre estaba rodeado de niños de la tribu, decidió hacer algo divertido entre ellos, lograron una buena porción de dulces en la ciudad y los pusieron todos en una canasta decorada con cinta y otros artículos, y luego colocaron la cesta debajo de un árbol.

Luego llamó a los niños dispuestos para el juego, cuando dijera "ahora" ellos deberían correr hasta aquel árbol y el primero en tomar la cesta sería el ganador y tendría el derecho a comerlos todos él solo.

Los niños fueron colocados en fila, esperando la señal.

Cuando dijo "¡Ahora!" Inmediatamente todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos hacia la cesta. Todos ellos se reunieron y comenzaron a dividir los dulces, y sentados en el suelo comían felices.

El antropólogo fue a su encuentro y preguntó indignado porqué habían ido todos juntos, si sólo uno pudo haber tenido toda la cesta.

Entonces fue cuando respondieron: "UBUNTU" "Cómo uno de nosotros podría ser feliz si todos los demás estuvieran tristes?"

Ubuntu significa: "Yo soy porque nosotros somos"

martes, 20 de marzo de 2012


Un hombre se perdió en el desierto. Y más tarde, refiriendo su experiencia a sus amigos, les contó cómo, absolutamente desesperado, se había puesto de rodillas y había implorado la ayuda de Dios.
"¿Y respondió Dios tu plegaria?", le preguntaron.
"¡ Oh, no! Antes de que pudiera hacerlo, apareció un explorador y me indicó el camino"

Anthony de Mello

miércoles, 22 de febrero de 2012

La felicidad


© Elliott Erwitt
Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.
No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.
Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.
Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo. Domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, tanta, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los fornidos pectorales de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda ansiosa con los brazos abiertos.
A mí me colma de gozo semejante paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas y algún día, pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.

Por Andrés Neuman
(del libro Alumbramiento. Páginas de Espuma, Madrid, 2006 y Buenos Aires, 2007)

martes, 5 de julio de 2011

Un cuento muy muy muy corto / El emigrante

Texto completo: -¿Olvida usted algo? - Ojalá.

Autor: Luis Felipe G. Lomelí.

Este cuento tan breve es de una profunda significacion, porque en un título y en una frase, ha podido describir y definir el gran dolor del emigrante, que es el no poder olvidar jamás sus orígines, su país, y la lucha interna por lograrlo alguna vez. Ojalá.

lunes, 13 de junio de 2011

De filósofos

Ilustración de Maxfield Parrish
Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablemente a base de adular al rey.
Y le dijo Aristipo:

"Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas".

A lo que replicó Diógenes:

"Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey".

miércoles, 16 de marzo de 2011

Las puertas del paraíso

Óleo de Sergio Cerchi
Un samurai se presentó delante del Maestro Zen Hakuin y le preguntó:
- ¿Existe realmente el infierno y el paraíso?
- ¿Quién eres tú? Pregunto el Maestro.
- Soy el samurai...
- Tú un guerrero! Exclamó Hakuin. Pero mírate bien ¿Qué señor va a querer tenerte a tu servicio? Pareces un mendigo.
La cólera se apoderó del samurai. Aferro su sable y lo desenvainó.
Hakuin continuó: - Ah, incluso tienes sable! Pero seguramente eres demasiado torpe para cortarme la cabeza.
Fuera de sí, el samurai levantó el sable dispuesto a golpear al Maestro. En ese momento éste le dijo:
- Aquí se abren las puertas del infierno.
Sorprendido por la seguridad tranquila del monje, el samurai envainó su sable y se inclinó respetuosamente.
- Aquí se abren las puertas del paraíso. Agregó el Maestro.

Citado por Pascual Faulliot en el libro El blanco invisible

sábado, 19 de febrero de 2011

El grito / Enseñanza tibetana

Ilustración de Andrey Remnev
Cuenta una historia tibetana, que un día un viejo sabio preguntó a sus seguidores lo siguiente:

¿Por que la gente se grita cuando están enojados?


Los hombres pensaron unos momentos:
-Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.
-Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? – preguntó el sabio – No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.

Finalmente él explicó:

Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego el sabio preguntó:
¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran?
Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente ¿por qué? Sus corazones están muy cerca.
La distancia entre ellos es muy pequeña.

El sabio continuó:
Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego dijo:

Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

lunes, 7 de febrero de 2011

Sobre la envidia

Escena del paraíso de Miguel Angel
Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una Luciérnaga. Ésta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora y la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día, dos días y la serpiente no parecía desistir. En el tercer día, ya sin fuerzas, la Luciérnaga se detuvo y dijo a la serpiente:

¿Puedo hacerte tres preguntas?
-No acostumbro dar éste precedente a nadie pero como te voy a devorar, puedes preguntar…..

¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
-No,

¿Yo te hice algún mal?
-No

Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
-Porque no soporto verte brillar…

viernes, 24 de diciembre de 2010

Duda en el alma

Despertó cuando el sol comenzaba a expulsar el frío del desierto. Por debajo de la manta masajeó sus piernas flacas, sus rodillas que gimieron al doblarse para que el hombre se levantara. En la arena quedó el hueco de su cuerpo. El niño aún dormía. Se inclinó para despertarlo, tomándose dolorosamente de la cintura. ¿Ya hay que seguir, abuelo? El viejo no contestó, la mirada perdida el ese paisaje siempre igual, atemorizante. Sacó de su bolsa una manzana, sus dedos fuertes y nudosos la partieron en dos, y los peregrinos tomaron un sorbo de agua y desayunaron. Luego, apoyado en su báculo comenzó a caminar, el calor del desierto se sentía en las plantas de los pies a través de las viejas sandalias. El niño lo seguía, una manito tomada de su raída capa. ¿Falta mucho, abuelo? El hombre murmuró algo incomprensible mientras intentaba apurar la marcha. El nieto quería saber. ¿Los otros habrán llegado ya? El viejo se paró, bajó la vista y miró largamente al pequeño. Tomó la carita en sus manos para convencerlo, mirándolo a los ojos. Sí, seguramente ya están en la tierra prometida, esperándonos. Nos perdimos en esa tormenta de arena, pero reencontramos el camino. Un poco más, un esfuerzo más, y estaremos todos juntos. El niño sonrió a la sonrisa que cubría de arrugas el rostro del anciano.
Se miraron unos segundos aún, y el hombre irguió su enjuta figura, se apoyó en el báculo y volvió a marchar, sus labios murmurando continuamente una plegaria, con esa dolorosa duda en el alma.

Jorge A. Geller / Paraná / Argentina

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Enseñanza Zen

Hubo una vez un gran poeta japonés llamado Bashô. Era un joven muy inteligente y había estudiado muchos Sutras. Creía entender el budismo.

Un día, fue a visitar al maestro Zen Takuan. Hablaron durante largo tiempo. Cuando el maestro decía algo, Bashô respondía extensamente, citando los Sutras mas profundos y difíciles.

Finalmente, el maestro dijo: eres un gran budista, un gran hombre. Lo entiendes todo. Sin embargo, en todo el tiempo que hemos estado hablando, sólo has usado las palabras de Budha, o de maestros eminentes. No quiero oír las palabras de otras personas. Quiero oír tus propias palabras, las palabras de tu verdadero yo.

Ahora, rápido, dime una frase propia.

Bashô se quedó sin habla. Su mente comenzó a funcionar rápidamente. ¿Qué puedo decir? Mis propias palabras... ¿Cuales pueden ser? Pasó un minuto, luego dos, luego diez. Entonces el maestro dijo: creía que entendías el budismo. ¿Porqué no puedes responderme? La cara de Bashô enrojeció. Su mente se detuvo en seco, no podía moverse ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, ni adelante ni atrás. Estaba frente a una pared impenetrable. Entonces, solo el vasto vacío. De repente se oyó un ruido en el jardín del monasterio. Bashô se volvió hacia el maestro y dijo:

Viejo estanque...
salta la rana...
sonido del agua...


El maestro rió fuerte y dijo: ¡Muy bien! ¡Estas son las palabras de tu verdadero yo! - Bashô también rió.

Más tarde, Bashô fue a Matsushima, uno de los lugares mas maravillosos del Japón, donde se estaba celebrando un concurso de poesía. Habían acudido poetas de todo el país. Escribieron elogios a la belleza del campo, la del majestuoso monte Fuji cubierto de nieve, la del brillante espejo de la superficie del lago, la de los veleros volando sobre el agua como majestuosos pájaros blancos, etc. etc. Bashô escribió solo tres líneas:

Matsushima...
ah Matsushima,
¡Matsushima!


Este es un poema Zen. No usa lenguaje poético o imágenes. En él no hay pensamiento. Yo soy Matsushima, Matsushima no es otro que yo.

Así que en el Zen no hay dentro ni fuera. Solo hay la Mente Una, que es así simplemente. Esta es la vida de todas las artes y es la vida del Zen.

Texto tomado del libro de Seung Sahn Soen-sa: "Tirando cenizas sobre el Budha".

lunes, 13 de diciembre de 2010

Desde la ventana de mi cuarto

Óleo de Balbontín
Desde la ventana de mi cuarto no veo la mar salada. Nada. Ni un trocito. Ni la luna. Ni la mortecina luz de las estrellas. Tampoco veo las farolas de la calle ni el caminar de los transeúntes. Podría ver un árbol, o dos incluso, pero lo cierto es que desde la ventana de mi cuarto no veo mata alguna, grande o pequeña, digna de tal nombre. El día menos pensado subo las persianas y que sea lo que dios quiera.

Extraído de Escribe o revienta...

viernes, 26 de noviembre de 2010

El olvido

Fotografía de Kathleen Connally
Siempre tuvo miedo de olvidar. No quería perder el recuerdo de nada. Se desesperaba cuando el título de una canción, o el nombre de un artista, no brotaba espontáneamente a su reclamo. Imaginaba un absurdo suicidio de la memoria, cuando debía detenerse unos segundos para recordar la ubicación de una calle o una casa. Para él, el olvido era una aberración inconcebible, casi un insulto a su personalidad, y se vanagloriaba de poseer una memoria perfecta.
Con los años, comprendió que le era imposible recordar absolutamente todo, y para ocultar sus olvidos, comenzó en secreto a llevar un ayuda memoria donde anotaba cumpleaños, aniversarios, nombres, títulos, direcciones, fechas, en fin, todo el acontecer de su vida, día a día.
Continuamente leía sus anotaciones, tratando de memorizarlas. Terminó archivándolas por rubros, dedicando un día fijo a cada uno.
Cuando en la casa no quedó espacio en pared alguna, donde poner un estante para sus biblioratos, decidió que había llegado a un límite, y que ya no podía seguir atesorando más recuerdos.
Retiró del banco sus ahorros, vendió el televisor, la radio, libros, cuadros y joyas, ordenó a un minimercado cercano los alimentos que periódicamente debían enviarle, y se recluyó para siempre, en medio de su absurdo archivo de fantasmas.
Pasó el resto de su vida como un ermitaño, dentro de su biblioteca de recuerdos, y murió cuando ya nadie recordaba su existencia, en el más atroz de los olvidos.

Jorge A. Geller / Premio El meridiano de la palabra 2010 / Paraná / Argentina

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Antes, la conciencia

Pregunta el maestro a sus discípulos señalando la bandera agitada por el viento;

¿Qué se mueve?

- Se mueve la bandera, se apresura a responder el primero.

- Se mueve el viento, respondió el segundo.

El maestro niega con los movimientos de su cabeza, mientras responde:

-No se mueve la bandera, no se mueve el viento. Se mueve la consciencia…

sábado, 30 de octubre de 2010

Cambios / Juan José Millás

El beso, fotografía de Robert Doisneau
Llevaban veinte años durmiendo cada uno en el mismo lado de la cama, cuando una noche, entre sueños, ella ocupó el sitio de él y él el de ella. Para los dos resultó una novedad enfrentarse al cónyuge por un costado diferente al habitual. De hecho, el otro no parecía el cónyuge, sino un intruso que resultaba al mismo tiempo sorprendentemente familiar, como si se hubieran conocido en otra vida, o quizá en otro idioma. Esa madrugada hicieron el amor con una torpeza morfológica llena de hallazgos sintácticos, de manera que al levantarse decidieron extender el cambio a los otros ámbitos de la existencia. Así él comenzó a ponerse a la izquierda de ella en la mesa y a su derecha en el sofá. En el coche, que habitualmente conducía él, la mujer ocupó el lugar del conductor.

Este mínimo cambio geográfico modificó sus vidas, haciéndoles tomar conciencia de unos territorios corporales inéditos. Entre tanto, sus fantasmas, abandonados en los lugares primitivos, continuaron relacionándose con la rutina anterior. Mientras ellos se abrazaban, en fin, con la extrañeza de dos adúlteros, sus espíritus continuaban jugando al matrimonio, de modo que en seguida devinieron en cuatro individuos, dos reales y dos imaginarios. Iban juntos a todas partes, con las posiciones respectivas invertidas, como la imagen que devuelve el espejo. En los restaurantes, aunque sólo reservaban mesa para dos, se sentaban en realidad cuatro y se pasaban la cena discutiendo sobre las ventajas de la rutina frente a las de la novedad sin ponerse de acuerdo.

Transcurrido el tiempo, regresaron por nostalgia a los lugares de siempre, encontrando sus huellas como las habían dejado. En seguida, volvieron a ser dos, y a veces, cuando imaginaban la posibilidad de ser otra vez cuatro, sentían una pereza enorme.

martes, 26 de octubre de 2010

El cielo del gorrión / Un cuento turco


Había un gorrión minúsculo que, cuando retumbaba el trueno de la tormenta, se tumbaba en el suelo y levantaba sus patitas hacia el cielo.

-¿Por qué haces eso? -le preguntó un zorro.

-¡Para proteger a la tierra, que contiene muchos seres vivos! -contestó el gorrión-. Si por desgracia el cielo cayese de repente, ¿te das cuenta de lo que ocurriría? Por eso levanto mis patas para sostenerlo

-¿Con tus enclenques patitas quieres sostener el inmenso cielo? -preguntó el zorro.

-Aquí abajo cada uno tiene su cielo -dijo el gorrión-. Vete... tú no lo puedes comprender...

Anónimo

jueves, 21 de octubre de 2010

Amigo / Un cuento árabe

Ilustración de Sergey Rimoshevskij
Dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron.

El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

"Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

"Hoy mi mejor amigo me salvó la vida".

Intrigado, el amigo preguntó:

-¿Por qué, después que te lastimé, escribiste en la arena, y ahora escribes en una piedra?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

-Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.

Anónimo

lunes, 18 de octubre de 2010

La rosa de la resurrección / La rosa de Jericó

Rosa de Jericó
 Una vez, hace tiempo, tuve en mis manos esta planta milagrosa. Se me presentó tan enigmática que inmediatamente captó mi atención. La rosa de la resurrección podía transformar su apariencia de ovillo de hilo cisal entreverado, sólo con el mágico contacto del agua, en una planta similar a un helecho verde y abundante en hojas, tan solo en unas pocas horas. Retirada de su fuente de vida, volvía a su apariencia inerte, a la espera de un tiempo inmemorial. 
Supo morir mi amor, en apariencias, como la Rosa de Jericó.

Tan enigmática como su nombre botánico, Anastática hierochúntica, es una especie única oriunda de Afganistán, pero se puede encontrar también en Egipto, Palestina y riberas del Mar Rojo.
Sus ramas tienen la propiedad de contraerse con la sequedad, permaneciendo cerradas y secas durante muchísimos años,incluso generaciones,hasta que la humedad o el contacto con el agua vuelve a abrirlas, recobrando así su verdor y belleza.
Arrancadas del suelo por el viento, éste las arrastra a su merced, convirtiéndolas en viajeras obligadas a través de estepas y desiertos, cruzando las fronteras de diversos países de Asia y otros continentes, y diseminando sus semillas por todos ellos. Posiblemente este errar interminable diera forma a la leyenda de Jesús en el desierto.
Ruedan incesantes por los desiertos de Arabia, Egipto y riberas del Mar Rojo... Pero no crecen, sin embargo, en la ciudad de Jericó; si bien es cierto que , miles de años atrás (sobre el segundo milenio antes de Cristo) ricos hacendados y comerciantes de esta ciudad las traían desde los lugares más lejanos, como un preciado talismán, para bendecir sus casas o negocios y librarlos de los invasores. Pudiera ser que el esplendor de Jericó en esta época diera nombre a la planta.
Su tradición ocultista data de tiempos muy remotos, y el paso de los siglos no ha logrado desprenderla jamás de su leyenda y poderes. Creyentes y no creyentes, todos reconocen antes o después sus beneficiosos efluvios.

Cuenta la leyenda que, cuando Jesús se retiraba a orar al desierto, la Rosa de Jericó, arrastrada por los vientos, se detenía dulcemente a sus pies y, de madrugada, después de abrirse con el rocío de la noche, ofrecía al Maestro las gotas de agua de sus ramitas. Jesús las tomaba con las yemas de sus dedos, llevándolas a los labios para calmar su ardiente sed. Conmovido, la bendijo.

Extendida esta leyenda con el paso de los años a otras naciones y otros continentes, diferentes etnias han considerado la Rosa de Jericó como Flor Divina,ícono de la resurrección, reconociéndola, además, como portadora de beneficiosos dones. Coinciden también muchas ramas del mundo esotérico en atribuirle especiales propiedades, acogiéndola como el talismán vivo más escaso y deseado.

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