miércoles, 10 de junio de 2009

Cleopatra, luz sobre el mito occidental ( Primera parte )

Liz Taylor en la película del año 1963

Olvídense de Elizabeth Taylor. De Claudette Colvert, de Vivien Leigh y hasta de Sophia Loren. todas ellas hicieron de Ceopatra. Desde que Shakespeare la puso de moda en el siglo XVII, la última reina de los egipcios, tan odiada y vituperada por sus enemigos romanos, se instaló en la fantasía de Occidente. Y la empezamos a creer muy bella, una femme fatal capaz de convertir a cualquier hombre en títere de sus deseos irracionales. La vimos vestida como la diosa Isis, haciéndose morder por un áspid para unirse a Marco Antonio en la muerte; presentándose sorpresivamente ante Julio César, envuelta en una alfombra. Su nariz dio para escribir durante siglos...
La construcción imaginaria del personaje es tan fuerte que hasta los historiadores profesionales caen en la tentación de confundir la figura auténtica con la de Hollywood. Pero ahora una nueva biografía trata de poner las cosas en su lugar: ella no era ni tan bella ni tuvo tantos amantes. Jamás se hizo enrollar dentro de un tapiz y tampoco murió a causa de una mordedura de serpiente.
En cambio, Cleopatra VII fue una "habilidosa diplomática, comandante naval, administradora, lingüista, autora de trabajos académicos, que manejó con gran aptitud su reino frente a una situación política en deterioro y una creciente intrusión romana", señala el historiador Duane Roller, en "Cleopatra: una biografía", un libro que acaba de publicar en inglés la editorial Oxford University Press.
El autor es además arqueólogo, especialista en lenguas clásicas de la universidad Ohio State.
"Para escribir este libro, una de las primeras cosas que tuve que hacer es olvidarme de Elizabeth Taylor y volver a las fuentes originales en latín y en griego", cuenta. En ellas, emerge una imagen muy diferente de la última manarca del Nilo a la de las glamorosas películas. Es la de una persona que no parece haber sido muy seductora. Por lo que sabemos, sólo tuvo dos relaciones sentimentales en dieciocho años. Había sido muy bien educada, para ser reina; hablaba y leía probablemente diez lenguas y escribió algunos textos. Lideró fuerzas navales en combate. Todo eso fue olvidado", se queja el historiador.
Es que la Cleopatra reinventada es magnética.
Shakespeare la describió así:

La edad no podrá marchitarla,
ni la rutina helará sus encantos.
Otras mujeres sacian el hambre que alimentan,
ella provoca más hambre que el que sacia.

La película de la Taylor, de 1963, nos habla de una criatura persistente en sus caprichos, que acapara poder con su femineidad. La imagen no difiere de un temprano film de 1912, en el que una actriz, Helen Gardner, aparece exótica entre vestidos boatos. En 1945, justo después de terminada la guerra, los ingleses se gastaron fortunas en hacer una súper producción con Vivien Leigh, para la que se importó arena de Egipto.
Pero el personaje histórico no era suntuoso. Y si ella no fue así, ¿qué fue lo que nos hizo pensar que fue la bomba sexual de la antigüedad? Fácil: los romanos.


Así era Cleopatra, según el egiptólogo Sally Ann Ashton, de la Universidad de Cambridge, que ha realizado esta reconstrucción digital a partir de la iconografía estudiada.

Fragmento del artículo escrito por Marina Aizen, publicado por el diario Clarín el 6 de junio de 2010.

2 comentarios:

Funes dijo...

Qué contraste!. Claro, la imagen "occidentalizada" de esta mujer "emana" sensualidad.
Y la Cleopatra de la imagen resulta francamente fulera.
Esperaremos la segunda parte para avanzar en el tema.
Funes

july rodriguez dijo...

Su belleza no radicaba en su rostro, como ha quedado en el imaginario actual, sino -como explicó Plutarco, el antiguo historiador griego- en su trato y su inteligencia.

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