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1800-1820 circa Chobunsai Eishi
Estampa japonesa de Yan Guifei, esposa del emperador chino
Xuanzong dei Tang (685-762). Detalle. Retrato de Yan Guifei sola, en el
colmo de su esplendor. Aquí toca la flauta inmersa en un ambiente
fuertemente idealizado y rodeada de una naturaleza sugestiva y sensual.
En el fondo un paisaje de montes y niebla.
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Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un
príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador,
pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto,decidió
hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién
sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que
recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y
lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía
muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una
leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento
profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los
hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la
celebración. Sin poder creerlo le preguntó:
¿Hija mía, que vas a
hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán
allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar
sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura
Y
la hija respondió: No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy
loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar
por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará
feliz.
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban
todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más
bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces,
finalmente, el príncipe anunció el desafío: Daré a cada una de ustedes
una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella
dentro de seis meses será escogida por mí, esposa futura, emperatriz de China.
La
propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que
valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres,
amistades, relaciones, etc.
El tiempo pasó y la dulce joven,
como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con
mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza
de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el
resultado.
Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó
todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía
más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.Por fin, pasaron los
seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación
la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias
ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar
cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba
allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor,
cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.
Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.
Finalmente,
llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las
pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas,
una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío
sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas
reacciones. Nadie
entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:
Esta
fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en
emperatriz: la flor de la honestidad.
Todas las semillas que entregué
eran estériles.